viernes, 10 de enero de 2014

Kingdom Come: un viaje largamente inesperado



Detalle de portada de Absolute Kingdom Come. Artista: Alex Ross

Remontémonos al pasado. Es 1998. Estoy en segundo, quizás tercer semestre de preparatoria. Hace ya más de un año que no compro cómics porque las revistas de la entonces casi moribunda Editorial Vid comienzan a rebasar mi presupuesto semanal (que para estas épocas es extremadamente reducido), y mi único contacto con el mundo del arte secuencial lo constituye la incipiente biblioteca de uno de mis mejores amigos de la preparatoria. Su casa es todo lo que no es la mía: amplia, luminosa, y con un librerillo medianero dedicado a los cómics y al manga.

Solemos agotar las tardes en su inmenso estudio “haciendo” trabajos en equipo que, por lo general, se arman entre las 9:30 y las 10 de la noche. Así es, aquellas eran tardes de descubrimiento. En aquel librerillo conocí a los 300 de Frank Miller, hojeé sin mucho interés las Fatal Attractions, y más importante de todos: me sorprendí con cuatro volúmenes de 48 páginas cada uno de una extraña serie cuyo mayor atractivo para mí era que presentaba a Superman, Batman, y compañía ¡total y completamente avejentados!

Por aquel entonces leí Kingdom Come con avidez y extrañeza. No sabía apreciar todos los detalles que contiene, ni conocía a la mayoría de los personajes que retrata, salvo a los principales, a los que todo mundo conoce y de quienes verdaderamente me sorprendía encontrar los rostros arrugados y las cabelleras encanecidas (excepto Wonder Woman, que tendrá una figura escultural por los siglos de los siglos, ¡amén!). Pero la historia de Mark Waid y el arte en acuarelas de Alex Ross eran irresistibles. Son irresistibles.

Quince años después, en México apareció una nueva edición de la serie, la que corresponde a la Absolute Edition norteamericana, que reúne en un solo tomo los cuatro volúmenes originales, añade 3 páginas nuevas de historia, un epílogo de 8 páginas y más de 200 páginas de contenidos extra, entre los que se encuentran bocetos y explicaciones del diseño de los personajes, textos de Mark Waid, Alex Ross y Elliot S. Maggin explicando el proceso creativo de la novela gráfica y la novelización de la misma.

El tomo no es sólo para los iniciados. De hecho incluye un par de páginas que explican con todo detalle los “guiños ocultos” en los paneles de la historia, lo que hace que la lectura se enriquezca al apuntarnos en la dirección de las historias clásicas de las que se nutrió el equipo para conformar esta arriesgada visión del futuro. Las referencias al pasado de los cómics no son lo único que encontramos interesante en la narrativa de este futuro posible, sino su relación con el libro bíblico de Apocalipsis. No es de extrañar, entonces, que el tono de esta historia sea épico y magistral. De la mano de Waid aprenderemos que hasta los dioses se equivocan y que el conflicto básico entre padres e hijos mueve los universos de manera que apenas podemos dilucidar.

Aunque éste no es el primer trabajo de Ross para una gran editorial, sí es uno de los dos pilares que lo dieron a conocer en el mundo del cómic, y, más importante: que lo llevaron a revolucionar las técnicas de presentar la parte iconográfica del arte secuencial al introducir la acuarela como posibilidad expresiva rentable. Recuerden que a mediados de los noventa apenas estamos por comenzar la verdadera exploración y democratización de las herramientas virtuales del diseño por computadora. De manera que esta exploración de una técnica clásica de la pintura aplicada a este arte nuevo podría haberse tomado como un retroceso en los procesos de edición. Afortunadamente no fue así. En cambio, los lectores de cómic aprendimos a revalorar la línea, el color y los matices. La mano del pintor. Pero al mismo tiempo, la mano de los otros artistas.

Debo reconocer ante todos ustedes que, al saber de la nueva edición mexicana, no me entusiasmé demasiado. Tiene años que estoy cazando la versión norteamericana del Absolute y al principio no valoré lo que había llegado inesperadamente a manos mexicanas. Comparando las dos versiones, hay cosas que me gustan y me disgustan sobre ambas traducciones. Pero la verdad es que tener un tomo en pasta gruesa que recopile la historia original y ofrezca tantos apoyos para entenderla con mayor profundidad sonó demasiado tentador y acabé sucumbiendo a la tentación de emprender de nuevo el viaje que iniciara en aquel ya casi muy lejano 1998. Si todavía tienen oportunidad de conseguirlo, les gustará saber que La Mole Comic Con ha anunciado la visita de Mark Waid a tierras mexicanas el próximo marzo.

Si confían un poco en mi palabra, les aseguro que este viaje al futuro no los decepcionará. Por lo pronto, yo regresaré a darle un vistazo más a las acuarelas de estos viejos titanes. Hasta el próximo viaje, old sports!

-The Great Gatsby

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