Detalle de portada de Absolute Kingdom Come. Artista: Alex Ross
Remontémonos al pasado. Es 1998. Estoy en segundo, quizás
tercer semestre de preparatoria. Hace ya más de un año que no compro cómics
porque las revistas de la entonces casi moribunda Editorial Vid comienzan a
rebasar mi presupuesto semanal (que para estas épocas es extremadamente
reducido), y mi único contacto con el mundo del arte secuencial lo constituye
la incipiente biblioteca de uno de mis mejores amigos de la preparatoria. Su
casa es todo lo que no es la mía: amplia, luminosa, y con un librerillo
medianero dedicado a los cómics y al manga.
Solemos agotar las tardes en su inmenso estudio “haciendo”
trabajos en equipo que, por lo general, se arman entre las 9:30 y las 10 de la
noche. Así es, aquellas eran tardes de descubrimiento. En aquel librerillo
conocí a los 300 de Frank Miller,
hojeé sin mucho interés las Fatal
Attractions, y más importante de todos: me sorprendí con cuatro volúmenes
de 48 páginas cada uno de una extraña serie cuyo mayor atractivo para mí era
que presentaba a Superman, Batman, y compañía ¡total y completamente
avejentados!
Por aquel entonces leí Kingdom
Come con avidez y extrañeza. No sabía apreciar todos los detalles que
contiene, ni conocía a la mayoría de los personajes que retrata, salvo a los
principales, a los que todo mundo conoce y de quienes verdaderamente me
sorprendía encontrar los rostros arrugados y las cabelleras encanecidas
(excepto Wonder Woman, que tendrá una figura escultural por los siglos de los
siglos, ¡amén!). Pero la historia de Mark Waid y el arte en acuarelas de Alex
Ross eran irresistibles. Son irresistibles.
Quince años después, en México apareció una nueva edición de
la serie, la que corresponde a la Absolute
Edition norteamericana, que reúne en un solo tomo los cuatro volúmenes
originales, añade 3 páginas nuevas de historia, un epílogo de 8 páginas y más
de 200 páginas de contenidos extra, entre los que se encuentran bocetos y
explicaciones del diseño de los personajes, textos de Mark Waid, Alex Ross y
Elliot S. Maggin explicando el proceso creativo de la novela gráfica y la
novelización de la misma.
El tomo no es sólo para los iniciados. De hecho incluye un
par de páginas que explican con todo detalle los “guiños ocultos” en los
paneles de la historia, lo que hace que la lectura se enriquezca al apuntarnos
en la dirección de las historias clásicas de las que se nutrió el equipo para
conformar esta arriesgada visión del futuro. Las referencias al pasado de los
cómics no son lo único que encontramos interesante en la narrativa de este
futuro posible, sino su relación con el libro bíblico de Apocalipsis. No es de extrañar, entonces, que el tono de esta
historia sea épico y magistral. De la mano de Waid aprenderemos que hasta los
dioses se equivocan y que el conflicto básico entre padres e hijos mueve los
universos de manera que apenas podemos dilucidar.
Aunque éste no es el primer trabajo de Ross para una gran
editorial, sí es uno de los dos pilares que lo dieron a conocer en el mundo del
cómic, y, más importante: que lo llevaron a revolucionar las técnicas de
presentar la parte iconográfica del arte secuencial al introducir la acuarela
como posibilidad expresiva rentable. Recuerden que a mediados de los noventa
apenas estamos por comenzar la verdadera exploración y democratización de las
herramientas virtuales del diseño por computadora. De manera que esta
exploración de una técnica clásica de la pintura aplicada a este arte nuevo
podría haberse tomado como un retroceso en los procesos de edición. Afortunadamente
no fue así. En cambio, los lectores de cómic aprendimos a revalorar la línea,
el color y los matices. La mano del pintor. Pero al mismo tiempo, la mano de
los otros artistas.
Debo reconocer ante todos ustedes que, al saber de la nueva
edición mexicana, no me entusiasmé demasiado. Tiene años que estoy cazando la
versión norteamericana del Absolute y
al principio no valoré lo que había llegado inesperadamente a manos mexicanas.
Comparando las dos versiones, hay cosas que me gustan y me disgustan sobre
ambas traducciones. Pero la verdad es que tener un tomo en pasta gruesa que
recopile la historia original y ofrezca tantos apoyos para entenderla con mayor
profundidad sonó demasiado tentador y acabé sucumbiendo a la tentación de
emprender de nuevo el viaje que iniciara en aquel ya casi muy lejano 1998. Si
todavía tienen oportunidad de conseguirlo, les gustará saber que La Mole Comic Con ha anunciado la visita
de Mark Waid a tierras mexicanas el próximo marzo.
Si confían un poco en mi palabra, les aseguro que este viaje
al futuro no los decepcionará. Por lo pronto, yo regresaré a darle un vistazo
más a las acuarelas de estos viejos titanes. Hasta el próximo viaje, old sports!
-The Great Gatsby

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