jueves, 16 de enero de 2014

Daredevil: el arte de escribir sobre ese Batman rojo


Detalle de Portada: Daredevil # 1  Artista: Paolo Rivera

En el número 24 de Daredevil hay una viñeta en la cual un hombre grita desde un autobús: “Look! It’s Red Batman!”, mientras ve pasar a Daredevil balanceándose por la ciudad. Éste es el tipo de ocurrencias que hacen de Mark Waid un perfecto escritor para el personaje que nos ocupa en este momento; esos detalles que, en medio de un momento de tensión, le dan al lector un respiro y hacen que el mundo (y el mundo en el cómic) ya no sea tan miserable… al menos por un momento.

Como ustedes saben, old sports, no suelo describir ni las viñetas ni la historia de los cómics que reseño. Es parte de mi encomienda no dar spoilers. Pero les aseguro que no había una mejor manera de comenzar esta reseña de los primeros 34 números de la serie actual de Daredevil, que comenzó en 2011. Al verla no solo comprendí que no soy el único loco que cree que Daredevil se parece a Batman, sino que entendí uno de los más grandes secretos de la popularidad del universo Marvel (y de paso, de la maestría de Waid como escritor): la capacidad de reírse de sí mismos aún en medio del momento difícil. Lo balanceó durante 70 años el personaje señero de la marca (Spiderman); lo hacía el Generalísimo Stan Lee cada vez que escribía un guíon; lo interpreta ahora para nosotros el milagroso Waid.

Y no uso el epíteto a la ligera. Después de la etapa oscura de Shadowland, de la que ninguno de nosotros quiere acordarse, Waid logró, a través de la magia de su pluma, revivir el interés en el Hombre sin miedo. Pero no hizo solamente eso, sino que, a lo largo de los 34 capítulos que ya se han publicado, nos dio una mejor panorámica de su humanidad más allá de lo que su trabajo de abogado nos había permitido explorar. Nos permitió ver, no al hombre bajo la máscara, sino al hombre de la máscara. Las transformaciones que nos presenta del universo daredevileano afectan tanto al héroe como a sus aliados y villanos, humanizándolos y acercando sus problemas a los de nuestras vidas cotidianas. En pocas palabras: rescatando el espíritu Marvel que cada vez con más frecuencia queda soterrado por los intereses comerciales que mueven a la editorial.

Sus dos grandes colaboradores en el trazo: Paolo Rivera (regular hasta el número 10) y Chris Samnee (regular a partir del número 12), hacen un trabajo espectacular reinventando el universo del superhéroe que nos hace querer redefinir nuestro concepto de ‘discapacidad’. Paolo Rivera con sus trazos más finos, detallando las expresiones faciales; y Chris Samnee con su uso de sombras más condensadas que le dan un acento tipo Mignola al personaje. Si bien cada uno de los artistas expresa una visión y un sentimiento distinto hacia el Hombre sin miedo, quizás esto sea más evidente para ustedes en el trabajo de Rodríguez, que a la par de cada dibujante, va modificando su paleta de colores. Para mí, en lo personal, la evolución del color en esta serie ha sido la adecuada: si nos enfrentamos a la visión que tiene un ciego del mundo, ¿por qué no arriesgar también colores que no coincidan precisamente con nuestra percepción visual común y corriente? Rodríguez apostó en esta serie… apostó fuerte, y ganó.

Recibimos con tristeza, pero con gran satisfacción por las historias encontradas, la noticia de que este volumen de Daredevil llega a su fin en dos números más. Sólo nos queda agradecer, a todos aquellos que colaboraron en este esfuerzo editorial durante más de dos años, la nueva definición de valentía que nos dieron cuando, al hacerle la vida miserable a Daredevil también nos enseñaron a vencer nuestros miedos.

Hasta las próximas cocinas infernales, old sports!

-The Great Gatsby

P.D. Por cierto, si ustedes fueron de esos afortunados que comenzaron a coleccionar la serie desde el número 1, en La Mole Comic Con de marzo, estarán escritor y dibujante como invitados. No sería una mala idea llevar el primer tomo para que lo firmen estos dos grandes artistas, y, si quieren un consejo y tienen la posibilidad, no solo busquen las firmas sino que mándenlas a graduar a CGC, de cuya compañía ya hay representantes en la Convención. Creanme: esa es una inversión que vale la pena.

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