jueves, 2 de enero de 2014

Batman: The Killing Joke. Historia para morirse de risa


Portada de Batman: The Killing Joke. Artista: Brian Bolland

¿Cuánto puede soportar un hombre antes de perder su humanidad? Al parecer, durante la década de 1980, ésta fue una de las preguntas rectoras en la obra de Alan Moore. La exploró en Watchmen con el personaje del Dr. Manhattan, en V for Vendetta bajo la forma de una sociedad subyugada por un Estado fascista-represor, e incluso la esbozó a manera de viñeta en Batman: The Killing Joke. En esta historia, que se ha vuelto un clásico de lectura obligada, Moore explora los altos y bajos de las personalidades del héroe y el villano, enfrentados en una especie de espiral descendente hacia un destino fatal. 

Publicada por primera vez en 1988, desde su aparición en los kioscos esta novela provocó polémicas dentro y fuera del mundo de los cómics. La más reciente, ligada al asesinato masivo conocido como ‘la masacre de Aurora’, cuyo resposable, se ha conjeturado, podría haber sido influenciado por esta obra. Sin embargo, y a pesar de todas las opiniones en contra, Batman: The Killing Joke es considerada por muchos como una de las mejores historias del Caballero Oscuro, y es, sin duda, la mejor historia de origen del Joker, que produjo el siglo XX.

Aunque durante años fue despreciada por su propio autor, esta novela, junto con Batman Year One, y The Dark Knight Returns, completa la trilogía de obras que formaron la esencia del Batman que conocemos hoy. Resulta tan influyente que ni siquiera los actuales editores, con el reinicio de los New 52, se atrevieron a tocarla y la dejaron como parte de la continuidad actual de la serie de publicaciones de la familia Batman. Y no se trata solamente de la narrativa, sino de la forma de representar los matices de la locura a través de las imágenes.

Si bien en 2008, con motivo del 20 aniversario de su publicación, sufrió modificaciones importantes en cuanto al color y la reedición nos trajo los tonos que Bolland había planeado originalmente para el libro (dejando así atrás los colores cálidos de Higgins), el trabajo de Bolland no hace sino descollar como uno de los más influyentes de finales de los ochenta para la iconografía de Batman. Más allá de la crudeza de las imágenes del crimen tomadas por el propio Joker, destacan la calidad en los detalles de las expresiones faciales de los personajes, las metáforas visuales ligadas al agua y la utilización de elementos que hacen recordar las historietas de 1940, año en que por primera vez se enfrentan Batman y el Joker. 

A casi 26 años de su publicación, la riqueza en los trazos de Bolland todavía obligan a nuestros ojos a mantenerse cuidadosos de los detalles, y disfrutar muchas partes de la lectura como quien mira escenas de acción en cámara lenta. Y esto también me ha llevado a preguntarme: ¿Cúanto puede leer un fan antes de perder su sentido de realidad? The Killing Joke me enseñó que aquel que ríe al último… está más loco.

Hasta las risas, old sports!

-The Great Gatsby

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