jueves, 21 de noviembre de 2013

Lazarus: boleto a la inmortalidad



¿Quién podría haberse imaginado que la inmortalidad estaba en manos de la ingeniería genética? Al parecer, además de unos los científicos de la Oregon Health and Sciences University, de Stanford, de las universidades de la Ivy League en Estados Unidos, y de los institutos científicos Europeos y del Japón (hasta donde sé podría haber más), digo, al parecer además de todos ellos, Greg Rucka y Michael Lark sí lo imaginaron.

La complicidad entre escritor y dibujante se nota en cada página. ¿Cómo lo sabemos? Contrario a algunos otros cómics, la fluidez de los paneles que cuentan la historia de este futuro distópico, gobernado por genios del mercado, es económica y es perfecta. Es decir, no hay panel que sobre, ni violencia gráfica gratuita. Cada mancha de sangre cuenta la historia de cómo ha sido derramada. Cada panel contiene, además de la interpretación gráfica del momento esbozado en el libreto, los detalles necesarios para hacer que el ojo esté atento a las sombras, las líneas y el color que le darán la interpretación abarcadora de los futuros por venir.

Si me preguntan cuál es el mayor crédito de Lazarus, por una vez no les diré que es la fabulosa historia de muerte y resurrección en otro escenario apocalíptico (que, haciendo una retrospectiva, en este Blog parece ya más bien un cliché), imaginada por Rucka. Tampoco les diré que se trata del arte inmisericorde y perfecto de Michael Lark, con sus sombras mistificantes y sus tecnologías futuristas. Ni siquiera les hablaría del color que Santi Arcas le imprime a la historia a través de su uso de una paleta con tonos más bien opacos, nada chillante que no desentone con las distopías apocalípticas de los fabuladores de inmortales.

Lo más fabuloso que tiene Lazarus son las noticias constantes que nos ofrecen Greg (y Michael) acerca de los últimos avances científicos; es el trasfondo de la historia a la que nos aventaron de cabeza con esas tres altamente volátiles primeras páginas del número 1, presentado en una línea del tiempo junto a la sección de cartas en el resto de las entregas. Lo que más se le agradece a estos muchachos de Image es que no son envidiosos y nos permiten indagar en el mundo que han creado a través de la ciencia de nuestros días. Se les agradece también que no nos llenen de aburridas páginas explicativas acerca de la historia que nos están contando.  

Así que, ya lo saben: que no los engañe el mundo con su falso sentido de trascendencia cuando dice que “el objetivo no es vivir eternamente sino crear algo que permanezca para siempre”. ¡Lo que verdaderamente deberíamos estar haciendo en estos momentos es aplicar para un Ph.D. en Ingeniería genética! 

¡Hasta los genes, Old sports!

-The Great Gatsby

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