Detalle de portada, Nova 1. Lápices: Ed McGuinness, Tintas: Dexter Vines, Color: Marte Gracia
Cuando,
a principios de 2013 debutó el quinto volumen de Nova, su número 1 llegó con
pompa y circunstancia: entre aplausos, altísimas calificaciones por parte de
los especialistas, y recomendaciones de compra. Nueve números después, el
título sigue siendo una luz en medio de los oscuros eventos en los que se
encuentra inmerso el universo Marvel en estos momentos.
El
primer arco de historia a cargo de Jeph Loeb nos presenta el lado humano del
superhéroe cósmico. Es la narración de los orígenes, una de esas que nos
atrapan a todos por aquello que revelan sobre nuestra propia naturaleza y que
al mismo tiempo ocultan, al mostrar solamente una parte de los sucesos que
anteceden al momento del nacimiento de un nuevo héroe: Sam Alexander habrá de
convertirse en Nova forzado por la necesidad, por el legado. ¿Las
circunstancias? Descúbranlas ustedes mismos; pero les prometo que no los
dejarán desencantados.
El
segundo arco de historia, que comienza en el número 6 presenta una particularidad
poco común en el mundo del cómic: el equipo está conformado casi completamente
por mexicanos, salvo por Zeb Wells, que es el escritor (muchachos, anímense;
debería haber exportación de escritores de cómics desde tierras aztecas). Lo
interesante de estos números es que se tocan sólo tangencialmente con la serie Infinity, que está reformulando
(destruyendo) el universo Marvel (otra vez) tal como lo conocemos. De modo que
la historia de Nova puede seguir adquiriendo peso con relativa facilidad.
Incluso podemos anticipar que para el número 9, Sam, a través de sus
decisiones, se ha creado una enemiga mortal quien, en el futuro, esperamos sea
su némesis.
El
dibujo de Paco Medina en este segundo arco de historia, que tiende más hacia el
estilo caricaturesco, caza muy bien con el carácter juvenil del título. Y
aunque no a todos les ha gustado su interpretación de los esbirros de Thanos,
me parece que hace un excelente trabajo con aquella que fue la primera enemiga
cósmica en el haber de este adolescente reclutado por la genética para las Nova
Corps. Por su parte, el pulso siempre fino de Juan Vlasco no escatima en los
detalles, especialmente en las sombras de las páginas donde aparecen seres
monumentales como Lady Liberty o The Watcher.
Sobre
el color, en la serie, debo hacer una nota aparte. Mientras que el Nova de
McGuinness, Vines y Gracia (libros 1-4) en general era un libro hilarante
gracias al libreto de Loeb, por otra parte era un Nova más oscuro, en términos
de iluminación y color quiero decir. Después de la pequeña participación de
Edgar Delgado (otro mexicano que ya se ha formado una tradición en Marvel) como
colorista de transición, el Nova de Medina y Vlasco (libros 6-9) es más
brillante, sin llegar a tener claroscuros desgarradores, gracias a la mano de
David Curiel.
Para
terminar, los dejo con un dato curioso: un par de páneles del primer arco de
historia se encuentran casi totalmente en español. Y me parece que la actitud
del nuevo Nova hacia su heritage language
resume perfectamente la de muchos descendientes de latinos en Estados Unidos.
Por eso también es curioso y significativo que el equipo que trabaja ahora
mismo en su creación sea casi totalmente mexicano.
Hasta
la vista, Old sports!
-The
Great Gatsby
P.D.
Un mal manejo de mis tiempos como estudiante doctoral me hizo atrasarme dos
días con esta reseña. Ofrezco una disculpa pública a mis editores-promotores,
mis lectores y mi manager.

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