jueves, 1 de mayo de 2014

Thief of thieves: ladrón que roba a ladrón


Entre las características del idioma hebreo se encuentra que la expresión del superlativo debe hacerse reduplicando la expresión en cuestión. Es quizás este rasgo gramatical el que más se ha extendido a las lenguas de occidente por influencia del texto bíblico. Así, en español hablamos del “superlativo hebreo” cuando nos encontramos formas del tipo ‘el cantar de los cantares’ o ‘el rey de reyes’.  Al parecer el recurso también ha pasado al inglés. Y de este calco de estructuras lingüísticas en la lengua sajona no nos dio noticia una gramática de aquella lengua, sino el cómic de Kirkman, Thief of thieves. Pero esta no es una historia de patriarcas judíos ni de moral inflexible. Se trata del mejor ladrón del mundo haciendo lo que el mejor ladrón del mundo no querría hacer.

En el primer volumen recopilatorio de esta historia, encontramos a su protagonista, Conrad Paulson mejor conocido como Redmond, el mejor ladrón de todos los tiempos, en una encrucijada. Tratando de cambiar el rumbo de su vida, las opciones parecen agotársele y cuando piensa que es posible salir del infame ciclo de vicio y corrupción en el que se encuentra ahogado, el irremisible destino hace su aparición para llevarlo de nuevo al principio. Cuando leí este primer arco de historia, tuve la sensación de que Robert Kirkman y Nick Spencer nos ofrecen una narración que semeja mucho la narrativa de la televisión. Haciendo un poco de investigación encontré que la idea para este cómic surgió precisamente como un experimento después de haber comenzado la producción de la serie televisiva de The Walking Dead.  

El arte corrió a cargo de Shawn Martinbrough, quien tiene una clara preferencia por las líneas gruesas y consistentes. Este tipo de trazo le permite jugar con las sombras de manera que cuando el cómic necesita alargar una escena, reducir el paso de la historia a favor de algún close up hiperdramático, la línea le aporta esa sensación de solidez que hace que caiga en el ojo como si se tratara de una ralentización del movimiento de la cámara. Por otro lado, el colorista Felix Serrano también usa algunos recursos interesantes para dar a entender esta variación de énfasis en los puntos clave de la historia. Se trata de un recurso que parece bien básico pero que a simple vista podría pasar desapercibido debido a la naturalidad con la que lo manipula a lo largo de las páginas: el juego con la luz, que hace parecer las formas un poco más tridimensionales. El recurso es usado sistematicamente por Serrano en todos los flashbacks que presenta la historia, pero también en cada uno de los paneles del presente narrativo en los que es necesario el énfasis.

El trabajo en las letras, a cargo de Rus Wooton, también es digno de mencionarse. En general el cómic se sostiene entre las imágenes y los diálogos. Pero de vez en vez el método narrativo necesita que se precise el lugar o el tiempo en el que sucedieron los hechos. Para ello, Wooton no utiliza ninguna marca sino un tipo de letra muy simétrica de exhibición, de manera que en sí misma llame la atención sin necesidad de enmarcarla en un recuadro narrativo. Además, las onomatopeyas propias de la acción en cada panel que así lo requiere son escritas directamente sobre la imagen, cuidando que no interfieran demasiado con el color o las líneas.

Thief of thieves # 4 página 6 (página 64 del TPB). Historia: Robert Kirkman. Escritor: Nick Spencer. Arte: Shawn Martinbrough. Color: Felix Serrano. Letras: Rus Wooton

En resumen, Thief of thieves tiene merecidamente ganado el puesto como una de las mejores series de los últimos años. Me refiero a que no solamente tiene una historia que interesa y atrapa (con datos útiles, verosímiles e inverosímiles, acerca de uno de los oficios más viejos de la humanidad), sino a que la conjunción de los talentos hace de este libro una lectura agradable y amena, con su consabida dosis de violencia y emoción, ambas características que no pueden faltar en un buen thriller.

Hasta el próximo tiempo robado, old sports!

-The Great Gatsby

sábado, 5 de abril de 2014

Kick-Ass 2: Street-fighter corregido y aumentado


Aquellos que ya tienen edad de ser abuelos recordarán la euforia provocada por Star Wars V: The Empire Strikes Back, cuando, después del éxito rotundo de A New Hope, los fans se volcaron a los cines y llenaron las salas de maneras totalmente inesperadas. Para aquellos de nosotros a quienes no nos tocó vivir la euforia original, tenemos, sin embargo el éxito rotundo de The Dark Knight, que resultó ser mejor secuela que la exitosísima Batman Begins.Con semejantes excepciones al dicho aquel de que “segundas partes nunca fueron buenas”, no podemos decir que el éxito de Kick-Ass 2 sea un hecho inusitado, pero sí lo podemos sumar a ese ciclo de segundas partes que roban el aliento.

En esta nueva entrega de las aventuras de Dave Lizewski, Mark Millar nos entrega un universo en desarrollo. Después de su trabajo seminal en Kick-Ass, el escritor lleva su idea a un nivel de mayor complejidad y aprovecha el concepto ‘viral’ puesto de moda en la era de las redes sociales. Así que ahora no solamente tenemos un enfrentamiento cara a cara entre el héroe y el villano, sino que nos encontramos con una redefinición del concepto de super-equipo, o super-grupo, o como lo quieran llamar.

¿Es necesario que hablemos de la ironía presente a lo largo de la historia? ¿Es obligatorio fatigarlos, queridos lectores, con la explicación de los incontables guiños que hace Millar a las contradicciones, puntos débiles y sinsentidos sobre los que se basan los superequipos en otros cómics, y que se van revelando como verdaderas ideas suicidas a lo largo de su historia?  Me parece que cada uno de ustedes ha podido (o podrá, en todo caso) descifrarlo.

De lo que sí quiero hablar es del impresionante giro de tuerca que representa Hit-Girl para el universo de los cómics. ¿Alguna vez habían presenciado la verdadera fuerza de un sidekick en su máximo esplendor? Ni siquiera el fantasma de Jason Todd podría igualar las repercusiones universales que tiene el personaje de esta niñita de 10-11 años. Comenzó siendo sidekick de Big Daddy, y después reclutó a Kick-Ass, hasta que, por obediencia a su padrastro, tuvo que dejar el negocio de salvar vidas. Lo cierto es que, con la fuerza de su carácter, fue merecedora de su propia serie, y yo no sé ustedes pero yo sí la anoté en la lista de las 3 mujeres que más miedo me dan en la vida.

Como siempre, el dibujo del señor Romita Jr. nos deja boquiabiertos y con ganas de más. No hay ninguna cantidad de líneas, paneles, o páginas, que pueda saciar nuestra fanática sed de venganza en contra de los supervillanos de esta historia, pero JRJr hace un excelente trabajo de descripción gráfica de lo que sería la vida callejera de estos wannabes superhéroes y supervillanos. Aunque, para mi gusto, hay un par de números que abusan de las splash page y las double splash page en este nuevo arco de la historia. Pero vamos, al mismo tiempo es imposible no detenerse a considerar por un instante, al menos, a dónde llevará tanta violencia.

Kick-Ass 2 #1 Página 2: Hit-Girl dándole una paliza a Kick-Ass. Tan irónico como eso. 
 Historia: Mark Millar. Lápices: John Romita Jr. Tintas: Tom Palmer. Colores: Dean White

Aunque, debemos ser honestos: al ver los facsimilares del arte original, presentados en las últimas páginas de algunos de los números de este segundo arco de historia, debemos darle honor a quien honor merece. Y es que los lápices de Romita mejoran considerablemente con las tintas y los ink washes de Palmer. Es decir, si eso es posible. Y los colores de Dean White lo son todo para el ambiente y la atmósfera del cómic. ¿Podría ser mejor esta segunda entrega de Kick-Ass? Sí. Hay, por ahí, un par de problemas de continuidad entre los primeros y los últimos números de la serie; pero son mínimos, y dado que tiene un final abierto (¡es-pec-ta-cu-lar, por cierto!), quizás Millar traiga gusto de arreglarlos para el siguiente libro. Mientras tanto, disfruten las palizas remasterizadas tipo Street-fighter pero clasificación C.

Hasta los próximos bastonazos, old sports!

-The Great Gatsby

viernes, 28 de marzo de 2014

Kick-ass: ¡Fanboys del mundo, unidos!


¿Quién de nosotros, lectores de cómics, no ha soñado al menos una vez en su vida con salir a las calles vestido de superhéroe y, enfrentándose con infames criminales y mafiosos poderosos, acabarlos? La ilusión de todo fanboy la lleva Mark Millar hasta sus últimas consecuencias en Kick-Ass, el volumen más controversial del mundo de los cómics en los últimos 5 años. Y cuando digo “hasta sus últimas consecuencias” me refiero a que su protagonista acaba con cada hueso de su cuerpo, roto, y con cada ilusión de su fugaz adolescencia, destrozada; pero también a que los villanos son tan crueles como lo sugieren los noticieros, y a que los policías son tan complacientes como los imaginamos.

Y es que, aceptémoslo, Mark Millar es uno de esos escritores que tiene la capacidad de ser descaradamente cruel con sus lectores y hasta recibir alabanzas por ello. Pues bien, Kick-Ass es una provocación total hacia su público lector. Por un lado, vemos a Dave Lizewski, un adolescente anodino con una vida anodina, tomar el manto del superhéroe. Por otro, sorprendente, encontramos verdaderos campeones de la justicia en Big Daddy y Hit Girl; pero, ¿cuál es su verdadero origen?, ¿cuáles son sus motivaciones? La conclusión de esta fábula sangrienta es que se necesita estar loco para volverse un superhéroe. Se necesita estar loco y también tener un canal de Youtube. Yo no sé ustedes pero el Dave Lizewski que hay en mí dice: “¡Me apunto!”

El trabajo de ilustrar esta épica para fanboys recayó sobre el imprescindible John Romita Jr. Con una vida de trabajo dedicada a la industria (cerca ya de 40 años), esta novela gráfica es la más dinámica, sangrienta y excelente de sus publicaciones. La expresividad de los rostros, sus cambios debido a las deformaciones producidas por la violencia; la elasticidad de los cuerpos, sus órganos esparcidos aquí y allá en la refriega; la forma plana y alargada de los objetos tridimensionales, que le da una sensación de perspectiva distorsionada por momentos; todas estas características, nos hacen pensar en una visión cinematográfica. Visión que, para mi gusto, fue arruinada por los directores de vestuario de la película cuando quisieron hacer a Big Daddy un Batman de fayuca (y cuando escogieron el asqueroso soundtrack que acompaña la cinta).

Completan el equipo creativo Tom Palmer, en las tintas, Dean White, en los colores, y Chris Eliopoulos, en las letras. Y sobre ellos solamente podemos decir que han hecho un gran trabajo cuando vemos la cantidad de sangre y los matices que le dan, así como la fabulosa sensación de asistir a un mundo de líneas donde lo único verdaderamente definido entre el blanco y el negro no es la moralidad de los personajes sino la línea de Palmer, que marca la diferencia entre estar y no estar. Por último, la letra de Eliopoulos contrasta con toda la agitación del cómic. Mientras que el entorno cae, se desmorona, la letra permanece inconmovible; excepto cuando Hit Girl da el golpe de gracia. Entonces tenemos una hermosa splash page coronada con un globo en letras grandes, gordas y rojas que no caben dentro de él.

Kick-Ass, página 5 del número 4. Escritor: Mark Millar. Lápices: John Romita Jr. Tintas: Tom Palmer. Color: Dean White. Letras: Chris Eliopoulos

Claro que setenta y dos años de cómics no pasan de balde. La serie tiene todos los elementos que podemos desear en una buena historia: orígenes secretos, personajes enmascarados, un menor de edad que en lugar de máscara usa un antifaz, espadas japonesas, electroshocks, pandilleros, mafiosos, un mercedes, autos pimpeados, una lluvia de balas sobre los héroes y hasta un gatito en apuros rescatado. Por todo esto que hemos dicho, y más cosas que aún nos faltaría tiempo para exponer, Kick-Ass es la obra maestra de la década.

Así que, de fanboy a fanboys:
Hasta el siguiente intento de combinar spandex y sables, old sports!

-The Great Gatsby

sábado, 22 de marzo de 2014

V for Vendetta, o cómo cambiar al mundo con una cara sonriente


Hay caras que permanecen en la memoria de los pueblos. Caras de tiranos de orgullo serpenteante, de héroes desgastados por el viento y por el hambre. Caras de amantes de memoria persistente, de pérfidos villanos abrazados a la muerte. Me persigue, últimamente en sueños una risa que conocí primero en celuloide. Esa risa permanece en mi memoria con libertad anunciada desde antaño. Y no sólo en la mía, sino en todo el occidente. Ha sido esparcida como símbolo y figura de la libertad tan anhelada del espíritu humano.

 Detalle de interiores de V for Vendetta # 1 (página 14). Escritor: Alan Moore. Artista: David Lloyd. 

Anhelar la libertad desde las artes no es ninguna revolución del intelecto. Anunciarla desde el cómic, en medio de tiempos aciagos, se convirtió en el rasgo distintivo de Alan Moore en los ochentas. Para el lector versado en el arte de construcción de las historias será evidente que esta historia fue escrita en, al menos, dos grandes bloques temporales, entre los cuales medió un tiempo donde el temerario V no tuvo casa debido a complicaciones editoriales y financieras.

Como el propio autor lo ha atestiguado, la primera parte, publicada originalmente en la revista Warrior, adolece todavía de cierta ingenuidad y de una búsqueda de la perfección de las formas literarias. Por otro lado, la segunda, aparecida ya bajo el sello de Vertigo, filial experimental de DC cómics, nos ofrece una historia cuyo artífice ha alcanzado la perfección en sus formas y la madurez en sus ideas. Novela gráfica publicada en diez tomos durante 1988-1989, V for Vendetta es una reflexión acerca de la libertad del espíritu humano en medio de un sistema fascista represor. A veinticinco años de su publicación es alarmante el estado de cosas en el que se encuentra el mundo exterior: tan cercano a la palabra poético-profética del más excéntrico de los escritores ingleses, tan lejano de la libertad tan anhelada.

En la historia de la creación de este clásico no debemos olvidar al artífice de los símbolos que participó con Moore en la creación de una leyenda: David Lloyd. Ningún otro artista del cómic puede jactarse, como él, de que su obra sea conocida por todo el globo aún por gente que ni siquiera sabe qué es una novela gráfica. Su diseño de la máscara de Guy Fawkes, aquel héroe olvidado de las rebeliones, le ha dado tantas vueltas al globo como redes satelitales se tienden entre los países y los televisores. Su maestría con el manejo de claroscuros no se ve opacada por las limitaciones técnicas de su época.

Para aquellos de ustedes interesados en las verdaderas obras de arte de nuestro tiempo (y no en esas discusiones sin sentido que se dan en la mayoría de los museos de arte contemporáneo), tengan la seguridad de que al leer V for vendetta están siendo testigos de la maestría a la que podemos aspirar en la reflexión y construcción del verdadero arte. Uno con compromisos sociales que van más allá de la satisfacción personal del propio artista o de la ganancia millonaria para una corporación.

En la tendencia que tenemos a institucionalizar los grupos y las acciones, hemos visto las masas de protesta alrededor del globo vestirse con la máscara sonriente de Guy Fawkes. Que cada uno de ustedes, si no en lo físico, al menos en lo interior de su espíritu, encuentren también un camino a la libertad en las páginas de esta historia.

“Now hush. There’s more…”, old sports!

-The Great Gatsby

lunes, 10 de marzo de 2014

Miracleman: Joyas redescubiertas


Hace 30 años Marvel Comics UK peleaba con los editores de la revista Warrior, en el Reino Unido, porque, según ellos, se había utilizado El Nombre para sacar ventaja en las ventas de una publicación que se titulaba Marvelman Special Number One. Resulta que, a partir de la década de 1970, la Casa de las ideas era dueña de los derechos de la palabra “marvel” (sigo pensando que es una gran estupidez, si me lo preguntan) en todas sus formas publicables en el Reino Unido.  Debido a este inconveniente legal, un multipremiado superhéroe británico de la década de 1950 tuvo que cambiar de nombre a Miracleman. Irónicamente, a comienzos de este año, Marvel Comics comenzó a reimprimir la serie después de haber adquirido los derechos en 2009.

Escrito originalmente por Mick Anglo, uno de los creadores de cómic más influyentes del Reino Unido en la década de los cincuentas, Marvelman/Miracleman no ofrecía demasiada originalidad en cuanto a la creación del personaje, pues había nacido como un sustituto del Capitán Marvel. Los héroes eran tan parecidos que el personaje creado por Anglo debía decir una palabra mágica que le confería acceso a sus poderes. El giro de interés estaba en que no se trataba de un mágico poder arcano y desconocido, sino de un poder bastante popular a mediados del siglo XX: el poder atómico. Podríamos hablar acerca de cómo este cómic de mediados de siglo reflejaba la necesidad que la humanidad tenía de comprender la vastedad y las limitaciones de la energía atómica; pero eso es más bien tema para un trabajo de investigación. Lo que resulta verdaderamente importante es que, después de caer en el olvido con el fin de sus publicaciones alrededor de 1963, el superhéroe anduvo desvaneciéndose en el imaginario de la cultura del cómic hasta el inicio de los ochentas cuando, en la reciente creada revista Warrior, un joven escritor británico contó la historia de su renacer. Se trataba del oscuro y genial Alan Moore. Entonces Marvel/Miracle-man volvió a figurar en el mapa, ¡y de qué manera!

El producto que los lectores pueden ya tener en sus manos, después de una escasez casi absoluta que duró algo así como 30 años de espera, no es una simple reimpresión de la que Marvel obtendría mucho dinero. Se trata de la mejor de las reimpresiones de esta historia. Básicamente lo único que la compañía se ha molestado en modificar es el trabajo de color. Y por esto, muchos fanáticos del héroe del Kimota!, estaban ansiosos. Porque ya se sabe que un mal trabajo de color puede arruinar hasta los magníficos dibujos de DaVinci. Pero después de hacer un comparativo entre el trabajo en blanco y negro, publicado originalmente por Warrior (no, muchachos, no soy TAN rico e influyente… con un poco de paciencia, realmente muy poco, pueden ustedes encontrar versiones digitales de todo el material original), el trabajo de color de las editoriales en la década de los ochentas (con todo y sus limitadas técnicas para colorear) y el producto que ahora nos presenta Marvel, puedo decirles sin temor a equivocarme que esta es la mejor reimpresión de la historia. 

Para los que todavía no saben de qué va toda la alharaca por el relanzamiento de este clásico del cómic de los ochentas, debería bastarles con saber que la serie, como todas las de Moore, aborda el problema de la humanidad del superhéroe, a través de la deconstrucción del mismo. Es decir, es un verdadero ejemplo de literatura posmoderna que influenció el resto de las historias de superhéroes desde aquellos días y hasta hoy. Pero no solamente se trata de una joya vintage que los pequeños infantes de los ochentas mueren por atrapar y encapsular, sino que se trata de un ejercicio de memoria, de esos que son bien útiles en la historia de todas las cosas humanas, al que le hemos añadido lo mejor del color digital y de la investigación detectivesca sobre sus fuentes.  

De modo que, al menos los primeros tres números son una delicia para el lector. Pues nos enseñan que el mundo ha cambiado muy poco en los últimos treinta años; pero que esos cambios (como las técnicas de color, que ahora pueden ser generadas por computadora) nos han permitido vivir un día más, aunque sea tan solo para poder salir y hacer lo que el niñito de aquel memorable panel del Miracleman # 1 hace: simplemente andar correteando por ahí absorbiendo radiación. Creo, firmemente que, como en aquella explosión de poder que envuelve al simple humano para convertirlo en héroe indestructible, después de leer esta serie se apoderará de nosotros la luz de la razón y la curiosidad, y entenderemos mejor nuestro deseo de convertirnos en hombres milagro.



1er y 2o panel de la página 26 de Miracleman # 1 (Marvel Comics, 2014). Artista: Garry Leach; Color: Steve Oliff; Letras: Chris Eliopoulos; Restauración de arte: Michael Kelleher y Kellustration con Garry Leach; Historia: "El escritor original" 

Hasta el próximo estallido radioactivo, old sports!

-The Great Gatsby