lunes, 10 de marzo de 2014

Miracleman: Joyas redescubiertas


Hace 30 años Marvel Comics UK peleaba con los editores de la revista Warrior, en el Reino Unido, porque, según ellos, se había utilizado El Nombre para sacar ventaja en las ventas de una publicación que se titulaba Marvelman Special Number One. Resulta que, a partir de la década de 1970, la Casa de las ideas era dueña de los derechos de la palabra “marvel” (sigo pensando que es una gran estupidez, si me lo preguntan) en todas sus formas publicables en el Reino Unido.  Debido a este inconveniente legal, un multipremiado superhéroe británico de la década de 1950 tuvo que cambiar de nombre a Miracleman. Irónicamente, a comienzos de este año, Marvel Comics comenzó a reimprimir la serie después de haber adquirido los derechos en 2009.

Escrito originalmente por Mick Anglo, uno de los creadores de cómic más influyentes del Reino Unido en la década de los cincuentas, Marvelman/Miracleman no ofrecía demasiada originalidad en cuanto a la creación del personaje, pues había nacido como un sustituto del Capitán Marvel. Los héroes eran tan parecidos que el personaje creado por Anglo debía decir una palabra mágica que le confería acceso a sus poderes. El giro de interés estaba en que no se trataba de un mágico poder arcano y desconocido, sino de un poder bastante popular a mediados del siglo XX: el poder atómico. Podríamos hablar acerca de cómo este cómic de mediados de siglo reflejaba la necesidad que la humanidad tenía de comprender la vastedad y las limitaciones de la energía atómica; pero eso es más bien tema para un trabajo de investigación. Lo que resulta verdaderamente importante es que, después de caer en el olvido con el fin de sus publicaciones alrededor de 1963, el superhéroe anduvo desvaneciéndose en el imaginario de la cultura del cómic hasta el inicio de los ochentas cuando, en la reciente creada revista Warrior, un joven escritor británico contó la historia de su renacer. Se trataba del oscuro y genial Alan Moore. Entonces Marvel/Miracle-man volvió a figurar en el mapa, ¡y de qué manera!

El producto que los lectores pueden ya tener en sus manos, después de una escasez casi absoluta que duró algo así como 30 años de espera, no es una simple reimpresión de la que Marvel obtendría mucho dinero. Se trata de la mejor de las reimpresiones de esta historia. Básicamente lo único que la compañía se ha molestado en modificar es el trabajo de color. Y por esto, muchos fanáticos del héroe del Kimota!, estaban ansiosos. Porque ya se sabe que un mal trabajo de color puede arruinar hasta los magníficos dibujos de DaVinci. Pero después de hacer un comparativo entre el trabajo en blanco y negro, publicado originalmente por Warrior (no, muchachos, no soy TAN rico e influyente… con un poco de paciencia, realmente muy poco, pueden ustedes encontrar versiones digitales de todo el material original), el trabajo de color de las editoriales en la década de los ochentas (con todo y sus limitadas técnicas para colorear) y el producto que ahora nos presenta Marvel, puedo decirles sin temor a equivocarme que esta es la mejor reimpresión de la historia. 

Para los que todavía no saben de qué va toda la alharaca por el relanzamiento de este clásico del cómic de los ochentas, debería bastarles con saber que la serie, como todas las de Moore, aborda el problema de la humanidad del superhéroe, a través de la deconstrucción del mismo. Es decir, es un verdadero ejemplo de literatura posmoderna que influenció el resto de las historias de superhéroes desde aquellos días y hasta hoy. Pero no solamente se trata de una joya vintage que los pequeños infantes de los ochentas mueren por atrapar y encapsular, sino que se trata de un ejercicio de memoria, de esos que son bien útiles en la historia de todas las cosas humanas, al que le hemos añadido lo mejor del color digital y de la investigación detectivesca sobre sus fuentes.  

De modo que, al menos los primeros tres números son una delicia para el lector. Pues nos enseñan que el mundo ha cambiado muy poco en los últimos treinta años; pero que esos cambios (como las técnicas de color, que ahora pueden ser generadas por computadora) nos han permitido vivir un día más, aunque sea tan solo para poder salir y hacer lo que el niñito de aquel memorable panel del Miracleman # 1 hace: simplemente andar correteando por ahí absorbiendo radiación. Creo, firmemente que, como en aquella explosión de poder que envuelve al simple humano para convertirlo en héroe indestructible, después de leer esta serie se apoderará de nosotros la luz de la razón y la curiosidad, y entenderemos mejor nuestro deseo de convertirnos en hombres milagro.



1er y 2o panel de la página 26 de Miracleman # 1 (Marvel Comics, 2014). Artista: Garry Leach; Color: Steve Oliff; Letras: Chris Eliopoulos; Restauración de arte: Michael Kelleher y Kellustration con Garry Leach; Historia: "El escritor original" 

Hasta el próximo estallido radioactivo, old sports!

-The Great Gatsby

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