Hace
30 años Marvel Comics UK peleaba con los editores de la revista Warrior, en el Reino Unido, porque,
según ellos, se había utilizado El Nombre para sacar ventaja en las ventas de
una publicación que se titulaba Marvelman
Special Number One. Resulta que, a partir de la década de 1970, la Casa de
las ideas era dueña de los derechos de la palabra “marvel” (sigo pensando que
es una gran estupidez, si me lo preguntan) en todas sus formas publicables en
el Reino Unido. Debido a este inconveniente
legal, un multipremiado superhéroe británico de la década de 1950 tuvo que
cambiar de nombre a Miracleman.
Irónicamente, a comienzos de este año, Marvel Comics comenzó a reimprimir la serie
después de haber adquirido los derechos en 2009.
Escrito
originalmente por Mick Anglo, uno de los creadores de cómic más influyentes del
Reino Unido en la década de los cincuentas, Marvelman/Miracleman
no ofrecía demasiada originalidad en cuanto a la creación del personaje, pues
había nacido como un sustituto del Capitán Marvel. Los héroes eran tan
parecidos que el personaje creado por Anglo debía decir una palabra mágica que
le confería acceso a sus poderes. El giro de interés estaba en que no se
trataba de un mágico poder arcano y desconocido, sino de un poder bastante
popular a mediados del siglo XX: el poder atómico. Podríamos hablar acerca de
cómo este cómic de mediados de siglo reflejaba la necesidad que la humanidad
tenía de comprender la vastedad y las limitaciones de la energía atómica; pero
eso es más bien tema para un trabajo de investigación. Lo que resulta
verdaderamente importante es que, después de caer en el olvido con el fin de
sus publicaciones alrededor de 1963, el superhéroe anduvo desvaneciéndose en el
imaginario de la cultura del cómic hasta el inicio de los ochentas cuando, en
la reciente creada revista Warrior,
un joven escritor británico contó la historia de su renacer. Se trataba del
oscuro y genial Alan Moore. Entonces Marvel/Miracle-man volvió a figurar en el
mapa, ¡y de qué manera!
El
producto que los lectores pueden ya tener en sus manos, después de una escasez
casi absoluta que duró algo así como 30 años de espera, no es una simple
reimpresión de la que Marvel obtendría mucho dinero. Se trata de la mejor de
las reimpresiones de esta historia. Básicamente lo único que la compañía se ha
molestado en modificar es el trabajo de color. Y por esto, muchos fanáticos del
héroe del Kimota!, estaban ansiosos.
Porque ya se sabe que un mal trabajo de color puede arruinar hasta los
magníficos dibujos de DaVinci. Pero después de hacer un comparativo entre el
trabajo en blanco y negro, publicado originalmente por Warrior (no, muchachos, no soy TAN rico e influyente… con un poco
de paciencia, realmente muy poco, pueden ustedes encontrar versiones digitales
de todo el material original), el trabajo de color de las editoriales en la
década de los ochentas (con todo y sus limitadas técnicas para colorear) y el
producto que ahora nos presenta Marvel, puedo decirles sin temor a equivocarme
que esta es la mejor reimpresión de la historia.
Para
los que todavía no saben de qué va toda la alharaca por el relanzamiento de
este clásico del cómic de los ochentas, debería bastarles con saber que la
serie, como todas las de Moore, aborda el problema de la humanidad del
superhéroe, a través de la deconstrucción del mismo. Es decir, es un verdadero
ejemplo de literatura posmoderna que influenció el resto de las historias de
superhéroes desde aquellos días y hasta hoy. Pero no solamente se trata de una
joya vintage que los pequeños
infantes de los ochentas mueren por atrapar y encapsular, sino que se trata de
un ejercicio de memoria, de esos que son bien útiles en la historia de todas
las cosas humanas, al que le hemos añadido lo mejor del color digital y de la
investigación detectivesca sobre sus fuentes.
De
modo que, al menos los primeros tres números son una delicia para el lector.
Pues nos enseñan que el mundo ha cambiado muy poco en los últimos treinta años;
pero que esos cambios (como las técnicas de color, que ahora pueden ser
generadas por computadora) nos han permitido vivir un día más, aunque sea tan
solo para poder salir y hacer lo que el niñito de aquel memorable panel del
Miracleman # 1 hace: simplemente andar correteando por ahí absorbiendo
radiación. Creo, firmemente que, como en aquella explosión de poder que envuelve
al simple humano para convertirlo en héroe indestructible, después de leer esta
serie se apoderará de nosotros la luz de la razón y la curiosidad, y
entenderemos mejor nuestro deseo de convertirnos en hombres milagro.
Hasta
el próximo estallido radioactivo, old
sports!
-The
Great Gatsby
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