sábado, 22 de marzo de 2014

V for Vendetta, o cómo cambiar al mundo con una cara sonriente


Hay caras que permanecen en la memoria de los pueblos. Caras de tiranos de orgullo serpenteante, de héroes desgastados por el viento y por el hambre. Caras de amantes de memoria persistente, de pérfidos villanos abrazados a la muerte. Me persigue, últimamente en sueños una risa que conocí primero en celuloide. Esa risa permanece en mi memoria con libertad anunciada desde antaño. Y no sólo en la mía, sino en todo el occidente. Ha sido esparcida como símbolo y figura de la libertad tan anhelada del espíritu humano.

 Detalle de interiores de V for Vendetta # 1 (página 14). Escritor: Alan Moore. Artista: David Lloyd. 

Anhelar la libertad desde las artes no es ninguna revolución del intelecto. Anunciarla desde el cómic, en medio de tiempos aciagos, se convirtió en el rasgo distintivo de Alan Moore en los ochentas. Para el lector versado en el arte de construcción de las historias será evidente que esta historia fue escrita en, al menos, dos grandes bloques temporales, entre los cuales medió un tiempo donde el temerario V no tuvo casa debido a complicaciones editoriales y financieras.

Como el propio autor lo ha atestiguado, la primera parte, publicada originalmente en la revista Warrior, adolece todavía de cierta ingenuidad y de una búsqueda de la perfección de las formas literarias. Por otro lado, la segunda, aparecida ya bajo el sello de Vertigo, filial experimental de DC cómics, nos ofrece una historia cuyo artífice ha alcanzado la perfección en sus formas y la madurez en sus ideas. Novela gráfica publicada en diez tomos durante 1988-1989, V for Vendetta es una reflexión acerca de la libertad del espíritu humano en medio de un sistema fascista represor. A veinticinco años de su publicación es alarmante el estado de cosas en el que se encuentra el mundo exterior: tan cercano a la palabra poético-profética del más excéntrico de los escritores ingleses, tan lejano de la libertad tan anhelada.

En la historia de la creación de este clásico no debemos olvidar al artífice de los símbolos que participó con Moore en la creación de una leyenda: David Lloyd. Ningún otro artista del cómic puede jactarse, como él, de que su obra sea conocida por todo el globo aún por gente que ni siquiera sabe qué es una novela gráfica. Su diseño de la máscara de Guy Fawkes, aquel héroe olvidado de las rebeliones, le ha dado tantas vueltas al globo como redes satelitales se tienden entre los países y los televisores. Su maestría con el manejo de claroscuros no se ve opacada por las limitaciones técnicas de su época.

Para aquellos de ustedes interesados en las verdaderas obras de arte de nuestro tiempo (y no en esas discusiones sin sentido que se dan en la mayoría de los museos de arte contemporáneo), tengan la seguridad de que al leer V for vendetta están siendo testigos de la maestría a la que podemos aspirar en la reflexión y construcción del verdadero arte. Uno con compromisos sociales que van más allá de la satisfacción personal del propio artista o de la ganancia millonaria para una corporación.

En la tendencia que tenemos a institucionalizar los grupos y las acciones, hemos visto las masas de protesta alrededor del globo vestirse con la máscara sonriente de Guy Fawkes. Que cada uno de ustedes, si no en lo físico, al menos en lo interior de su espíritu, encuentren también un camino a la libertad en las páginas de esta historia.

“Now hush. There’s more…”, old sports!

-The Great Gatsby

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