Entre
las características del idioma hebreo se encuentra que la expresión del
superlativo debe hacerse reduplicando la expresión en cuestión. Es quizás este
rasgo gramatical el que más se ha extendido a las lenguas de occidente por
influencia del texto bíblico. Así, en español hablamos del “superlativo hebreo”
cuando nos encontramos formas del tipo ‘el cantar de los cantares’ o ‘el rey de
reyes’. Al parecer el recurso también ha
pasado al inglés. Y de este calco de estructuras lingüísticas en la lengua
sajona no nos dio noticia una gramática de aquella lengua, sino el cómic de
Kirkman, Thief of thieves. Pero esta
no es una historia de patriarcas judíos ni de moral inflexible. Se trata del
mejor ladrón del mundo haciendo lo que el mejor ladrón del mundo no querría
hacer.
En
el primer volumen recopilatorio de esta historia, encontramos a su
protagonista, Conrad Paulson mejor conocido como Redmond, el mejor ladrón de
todos los tiempos, en una encrucijada. Tratando de cambiar el rumbo de su vida,
las opciones parecen agotársele y cuando piensa que es posible salir del infame
ciclo de vicio y corrupción en el que se encuentra ahogado, el irremisible
destino hace su aparición para llevarlo de nuevo al principio. Cuando leí este
primer arco de historia, tuve la sensación de que Robert Kirkman y Nick Spencer
nos ofrecen una narración que semeja mucho la narrativa de la televisión.
Haciendo un poco de investigación encontré que la idea para este cómic surgió
precisamente como un experimento después de haber comenzado la producción de la
serie televisiva de The Walking Dead.
El
arte corrió a cargo de Shawn Martinbrough, quien tiene una clara preferencia
por las líneas gruesas y consistentes. Este tipo de trazo le permite jugar con
las sombras de manera que cuando el cómic necesita alargar una escena, reducir
el paso de la historia a favor de algún close
up hiperdramático, la línea le aporta esa sensación de solidez que hace que
caiga en el ojo como si se tratara de una ralentización del movimiento de la
cámara. Por otro lado, el colorista Felix Serrano también usa algunos recursos
interesantes para dar a entender esta variación de énfasis en los puntos clave
de la historia. Se trata de un recurso que parece bien básico pero que a simple
vista podría pasar desapercibido debido a la naturalidad con la que lo manipula
a lo largo de las páginas: el juego con la luz, que hace parecer las formas un
poco más tridimensionales. El recurso es usado sistematicamente por Serrano en
todos los flashbacks que presenta la
historia, pero también en cada uno de los paneles del presente narrativo en los
que es necesario el énfasis.
El
trabajo en las letras, a cargo de Rus Wooton, también es digno de mencionarse.
En general el cómic se sostiene entre las imágenes y los diálogos. Pero de vez
en vez el método narrativo necesita que se precise el lugar o el tiempo en el
que sucedieron los hechos. Para ello, Wooton no utiliza ninguna marca sino un
tipo de letra muy simétrica de exhibición, de manera que en sí misma llame la
atención sin necesidad de enmarcarla en un recuadro narrativo. Además, las
onomatopeyas propias de la acción en cada panel que así lo requiere son
escritas directamente sobre la imagen, cuidando que no interfieran demasiado
con el color o las líneas.
Thief of thieves # 4 página 6 (página 64 del TPB). Historia: Robert Kirkman. Escritor: Nick Spencer. Arte: Shawn Martinbrough. Color: Felix Serrano. Letras: Rus Wooton
En
resumen, Thief of thieves tiene
merecidamente ganado el puesto como una de las mejores series de los últimos
años. Me refiero a que no solamente tiene una historia que interesa y atrapa
(con datos útiles, verosímiles e inverosímiles, acerca de uno de los oficios
más viejos de la humanidad), sino a que la conjunción de los talentos hace de
este libro una lectura agradable y amena, con su consabida dosis de violencia y
emoción, ambas características que no pueden faltar en un buen thriller.
Hasta
el próximo tiempo robado, old sports!
-The
Great Gatsby

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