jueves, 24 de octubre de 2013

Aeternus Malum (Forever Evil): la transfiguración de la maldad


Detalle de la Portada de Forever Evil # 1
Lápiz: David Finch; Tintas: Richard Friend; Colores: Sonia Oback

El lema del Crime Syndicate, que da título a nuestra reseña de esta semana, nos remite a dos ideas importantes que regirán y dictarán el desarrollo y posible éxito de Forever Evil, el mega evento de DC para 2013-2014: teatralidad y decepción. Bien sabemos que son dos ideas íntimamente ligadas al mythos del Caballero Oscuro, pero no podemos negar que la fórmula ganadora de Geoff Johns se compone primordialmente de ellas.

Quien se acerque por primera vez a la historia sin haber leído Trinity War, el crossover que en meses pasados enfrentó a las tres ligas con el Crime Syndicate por primera vez en la era New 52, no tiene nada que temer. Johns hace un buen trabajo en el número uno para presentar tanto al Sindicato como el conflicto disparador de la trama a través de la decepción. Tan bueno como puede ser un cómic que debe lidiar con tantos personajes como paneles tiene cada página.

El arte de David Finch, como siempre, es excepcional. Se agradece que la double splash page del primer número no se haya desperdiciado y sirva para presentar la maestría de su trazo. Se ha dicho que, quizás por vez primera, Finch ha encontrado su lugar en el universo de los New 52; ese punto en donde no se desperdicia su talento con una historia trivial. Con sus tintas, Richard Friend aprovecha para hacer suficientes sombras poco amigables. De esas que uno agradece en una historia oscura que indefectiblemente necesita involucrar a personajes con coloridos trajes de spandex.

Y hablando de esto último, Sonia Oback nos regala una paleta de colores amplia que responde a las exigencias de la historia y los personajes, sin caer en el ridículo. Claro que, para mi gusto, a veces exagera en los cálidos para los rostros y la piel humanas.

 En suma, el arte de Forever Evil, tanto como la historia, deberían atrapar tus sentidos. No se trata solamente de una pelea callejera de supervillanos a nivel mundial (algo así como una Civil War de DC en negativo), sino que se trata de una reformulación del concepto de maldad en el universo New 52. Claro que todo el tiempo, al menos durante los dos primeros tomos, el lector se estará preguntando si en realidad faltarán todos los héroes. Pero debemos preguntarnos, si no se tratará de la teatralidad y la decepción a la que Johns nos quiere sobreexponer.

En cualquier caso, para un lector que comience a cansarse de los eventos infinitos, quizás pueda soportar un poco más de locura, e interesarse en lo que DC tiene que decir ahora al respecto. Les deseo buena lectura, y cuídense del mal, old sports!

-The Great Gatsby

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