jueves, 6 de febrero de 2014

Deadpool kills the marvel universe: la matanza que todos habíamos soñado


Detalle de portada de Deadpool kills the marvel universe # 1. Artista: Kaare Andrews

Ya lo había dicho en algún otro lugar, pero recordemos aquella máxima de los críticos acerca de los dos únicos temas sobre los cuales versa la literatura: el amor y la muerte. Y, como podrán imaginar, Deadpool Kills the Marvel universe no tiene nada de amor en ninguna de sus páginas. Sin ánimos de spoilear, este volumen es todo lo que ustedes imaginaron y aún más. Pero no se equivoquen, el mercenario bocón, no anda tras una masacre sin sentido. El lector que se acerca a las páginas de esta historia en desarrollo deberá reunir ciertos requisitos mínimos para disfrutarla:

  • cierta familiaridad con los personajes del universo Marvel (¡Tanto héroes como villanos! Y no se preocupen por las constantes reformulaciones que le han hecho sus nuevos dueños con la era NOW! y la ALL NEW MARVEL NOW!, lo importante es esa noción básica de saber que Sue + Reed + John + Ben = 4 y ese tipo de algoritmos super avanzados del mundo del cómic)
  • nociones básicas de literatura-teatro-cine tales como ‘continuidad’, ‘trama’, ‘historia’ y ‘cuarta pared’ (pero si las desconocen tampoco se apuren mucho, no hay nada que wikipedia y google no puedan resolver en nuestros días. Además, la sangre habla por sí misma en estas cuatro entregas de mini-serie limitada.)
  • ser unos fisgones (y si quieren que explique esto entonces es que necesitan ayuda psicológica, ¡y pronto!)


La verdadera pregunta al acercarse a un cómic cuyo título resume perfectamente su tema sin dejar absolutamente nada a la imaginación es: ¿qué poder oscuro desata la furia vesánica de un personaje que, a todas luces, es una burla de sí mismo y del medio en el que se desarrolla? La respuesta la sugiere Cullen Bunn con pequeños artificios desde las primeras páginas del primer tomo. Disfrazada por salpicaduras rojas, se encuentra una reflexión acerca de su propio papel como escritor-productor, nuestro papel como lectores-consumidores y el juego mediático que surge entre los dos polos así representados. Pero también hay que decirlo: no es el primero que lo ha intentado. El siglo XX, en el ámbito literario, se encuentra repleto de estas reflexiones, encabezadas quizás por el más sonado de los casos sin resolver de todos los tiempos: el de Luigi Pirandello y sus personajes buscones.  Aunque si me lo preguntan, a mí me parece que no hay mejor satisfacción para un escritor que la de jugar con su público de la manera en la que Bunn nos ha engatuzado para comprar estos cuatro breves pero divertidísimos apuntes de muerte y rebelión.

Si bien el dibujo de Dalibor Talajic complementado por los colores de Lee Loughridge no son la revelación del año, tampoco podemos quejarnos. Pues los trazos simples, a veces esquemáticos, de la acción en esta historia ayudan a separarla sanamente de su predecesora The Punisher Kills the Marvel universe, en la que el castigo recae al final sobre el héroe. Y aquí viene el dato curioso acerca del dibujo: en este volumen lo más importante, en lo que hay que detenerse un momento para mirar bien, es en los rostros y en los ojos. No me refiero a que Talajic tenga una gran maestría dibujando expresiones faciales, sino a que para el desarrollo de la argumentación que Bunn ha diseñado es importante que nosotros los lectores podamos distinguir cual es la posición de los rostros. Y cuando escribo esto no me refiero a que el lector deba seguir con dedicada atención cada una de las posiciones de los rostros de los personajes involucrados, sino a que debe descubrir cuál es la posición importante, la que nos dará la clave de todo misterio. Por otro lado, el lector también querrá notar el cambio de paletas de color en las primeras y últimas páginas del volumen. Es decir: en las primeras páginas de la primera entrega y en la última de la cuarta entrega. Aunque es muy sutil, dicho cambio también ha aportado al desarrollo de la trama y la argumentación y es un elemento en el que no debemos olvidar en reparar.

¡Por cierto, casi lo olvido! Si quieren saber qué tan bien cuidada fue la edición de este volumen, échenle un vistazo a las portadas de Kaare Andrews. Aparentemente, tal como sucede con muchos otros cómics en el mercado, la portada no tiene nada que ver con el estilo del dibujo de las páginas interiores, pero, una vez más, en realidad tiene todo que ver: cada detalle grotesco de las mismas nos anuncia los horrores internos. Pero créanme cuando les digo que no se trata de los horrores que ustedes están pensando. Si todo en Deadpool es ironía, entiendan que estas portadas también lo son.

Y bien, no los aburriré más por esta semana. Tan sólo déjenme contarles que con este texto abrimos un nuevo arco en la historia de este blog, ya que por primera vez tomaremos un mes entero para escribir una serie de reseñas, que muy acertadamente estarán dedicadas al mes del amor y la amistad del mercenario bocón, quizás tan sólo para encontrarnos con que él mismo podría estar observándonos en este preciso momento.

Así que hasta las próximas paranoias, old sports!

-The Great Gatsby 

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